Historias reales detrás de acontecimientos que la gente no puede creer cuando los ve en el cine. Así se siente Vice, la nueva película de Adam McKay (The Big Short) que nos muestra a uno de los personajes que cambiaron el rumbo de la historia… o al menos eso dice la publicidad.

La cinta protagonizada por Christian Bale es una de las candidatas más importantes en la próxima entrega del Oscar; principalmente en las categorías a Mejor Director, Guión Original y Actor Principal. Claro que por el origen de la historia la película tiene un golpe más contundente con el público estadounidense, sin embargo, duele mucho cuando podemos encontrar similitudes con lo que ocurre en nuestro país.

El vicepresidente: más allá del poder (como se le conoce en México) gira en torno al ex vicepresidente de los Estados Unidos Dick Cheney. Por suerte no solo nos encontramos con este aclamado político durante sus años de servicio con George W. Bush, sino que podemos conocer sus entrañas regresando a los meses previos a la renuncia de Richard Nixon como presidente de los EEUU.

Una película a la que deberíamos tenerle miedo por su similitud con nuestra realidad.

Resulta que Dick Cheney (Christian Bale) jugó a la política desde las sombras, sin ser una amenaza real y más como un personaje secundario en momentos claves de la historia estadounidense. Lamentablemente una vez que la oportunidad de conquistar el mundo como la segunda persona en la fila detrás del hombre más poderoso del planeta le llegó a las manos… bueno, todos conocieron de lo que era capaz. Obviamente esto lo puedes encontrar en Wikipedia o probablemente hasta lo recuerdes de las noticias, pero lo interesante aquí es la extraordinaria forma en que Adam McKay cuenta la historia.

De hecho, la película es una narración a cargo del personaje de Jesse Plemons quien durante poco más de dos horas nos mantiene -entre datos curiosos, planes maquiavélicos, leyes americanas y hechos históricos- entretenidos mientras en el fondo Dick Cheney aprovecha el terrorismo y el miedo para someter a una nación que apenas y podía defenderse.

A lo anterior hay que sumar el enorme trabajo realizado por Christian Bale. Nuestro Caballero de la Noche favorito vuelve a transformarse por completo para encarnar a un Dick Cheney que atemoriza con tan solo pronunciar un par de diálogos. Bale hace que el guión nos lleve de la mano por lo que al final del día se siente más como una burla de la sociedad actual que como un biopic.

Y de nueva cuenta regresamos a la extraordinaria dirección de Adam McKay y el uso de bromas, memes, referencias y -otra vez- sucesos históricos que nos entregan una película a la que deberíamos tenerle miedo por su similitud con nuestra realidad. Ya denle un Oscar a McKay. Y salve Satan…

★★★★★