El HD-2D ha sido un triunfo para Square Enix, con RPGs de distintos estilos siendo creados o recreados para deleite de los fans del género. Sin embargo, creo que la pregunta siempre ha prevalecido desde el lanzamiento de Octopath Traveler: ¿de qué otras formas podría aprovecharse este estilo artístico?

The Adventures of Elliot: The Millennium Tales llega, entonces, como una respuesta a esta pregunta, y como una prueba importante para Square Enix: más allá de los títulos por turnos o de estrategia, el HD-2D es capaz de sostener un juego completamente diferente, con exploración, acertijos, personalización y un ritmo diferente

Ahora bien, ¿cómo es que esta aventura se compara con títulos de su género? Acompáñame en este viaje a través del tiempo, para descubrir si Elliot puede estar a la altura de los héroes de leyendas de antaño.

Una aventura entre eras

Como bien podrías intuir por el nombre de este juego, el protagonista de The Adventures of Elliot: The Millenium Tales es Elliot, un aventurero de profesión en la tierra de Philabieldia, donde la magia se perdió después de ser abusada por su gente, y hay tantos monstruos que solo sobrevive la tierra de Huther como refugio para la humanidad.

Después de tomar un encargo del rey de Huther, Elliot se ve envuelto en un viaje a través del tiempo, llegando a explorar las épocas que solo suenan como leyendas en su tiempo. Tras conocer a Faie, una hada amante del dinero, Elliot y su nueva compañera se embarcan por un viaje por varias épocas para entonces rescatar al mundo de su eventual destrucción.

El giro de la aventura de Elliot como un título HD-2D es que es un RPG, sí, pero de acción-aventura, al estilo de juegos de series como Mana o Zelda en su fase de dos dimensiones.

Cada era tiene sus similitudes, pero es entonces que encontramos diferencias poco a poco, ya sea en el estado de los poblados pacíficos o incluso de calabozos: mientras que un castillo se encuentra destartalado e invadido por plantas en la Era de Elliot, viajar al pasado nos permite encontrarlo en un mejor estado, cuando esas plantas no imposibilitan el trayecto de nuestro héroe.

Este es uno de varios ejemplos, pero creo que vale la pena hablar más sobre el impacto que tiene la acción de esta aventura.

Espada, arco, bomba o… ¿guadaña?

Es extraño toparse con un juego en este estilo artístico que me pida estar en constante atención de mis acciones, tanto en la exploración del mundo, algo que ya sucedía en Octopath Traveler y sus pasadizos secretos, como con el combate, un sistema que inicialmente parece sencillo pero que poco a poco adquiere complejidad con sus adiciones escalonadas.

Elliot inicia su aventura con una espada, pero poco a poco empieza a crear un arsenal bastante respetable, con lanzas, arcos, bombas, un búmeran, martillos o incluso una guadaña para combatir con enemigos y resolver acertijos básicos al más puro estilo de Zelda. Los enemigos, de igual manera, comienzan con comportamientos sencillos, pero empiezan a transformarse en seres violentos con movimientos constantes.

Aunque he de comentar que el combate primero se sentía un poco frustrante, de golpear y correr si quieres evitar daño, la realidad es que la versatilidad y los demás sistemas llevaron a una experiencia bastante placentera en el momento a momento. Aunado a esto, cada arma tiene mejoras escondidas en el mundo, lo cual incentiva la exploración de todos los calabozos en todas las eras para encontrar nuestro nuevo armamento favorito.

Faie y esperanza

Por otro lado, creo que vale la pena hablar sobre Faie, la pequeña hada que acompaña a Elliot y logra convertirse en una acompañante agradable pero parlanchina, así como una mecánica de combate y resolución de acertijos bastante entretenida.

Tras terminar el prólogo del juego, Elliot cruza caminos con Faie, un hada que es capaz de revivirlo… pagando una pequeña cuota, porque es una hada que siente magnetismo irracional por la moneda de Philabieldia, el Tul. Tras llegar a un templo, Faie también adquiere poderes mágicos, los cuales permiten incendiar a enemigos o encender antorchas, dar velocidad sobrehumana a Elliot o incluso teletransportarlo distancias cortas.

Es curioso, porque hay muchas críticas a personajes como Faie, habiendo un trauma generacional causado por Navi en Ocarina of Time. Sin embargo, y sin temor a ser controversial, creo que Faie resulta ser bastante agradable como personaje y no es incisiva como otros acompañantes de voz chillona.

Sus comentarios, los cuales pueden configurarse para ser menos frecuentes, son bastante útiles para orientarnos en nuestra aventura: ese templo que mencioné anteriormente tenía un final temprano en una era, y Faie me ayudó a identificar eso tras obtener el último cofre posible.

Por otro lado, el combate se ve nutrido por un sistema de magicite, el cual recorre una delgada línea entre sistema gacha y genialidad.

Explorar el mundo y vencer a jefes premia a Elliot con magicite, la cual puede fusionarse para crear cristales de distintos colores, uno por cada armamento disponible: si se llegan a crear cristales duplicados recibimos un fragmento de vuelta. Estos cristales cambian completamente cómo se sienten las armas: puedes cambiar tu lanza para que tenga un ataque adicional  cuando tenemos más vida, o incluso que deje llamas en su rastro; puedes incluso detener el temporizador de las bombas mientras las cargas o convertir tu martillo en un arma despiadada de contraataque.

Es extraño, porque el sistema sonaría como algo que se beneficia de estar peleando con enemigos constantemente para encontrar cristales nuevos, pero el sistema de mejora de “drops” nos da más dinero y fragmentos de magicite cuando vencemos más enemigos sin recibir daño: antes de que lo sepas vas a estar nadando en Tul y magicite para convertir a Elliot en un guerrero infalible.

Conocido pero mágico

La aventura de Elliot en Philabieldia es bastante robusta: ya que el juego cuenta con varios finales, puede tomar desde 15 hasta 25 horas llegar a los créditos, pero un aventurero dedicado puede pasar incluso 40 horas descubriendo todos los secretos del mundo en sus distintas eras.

Habiendo jugado en un PlayStation 5, el desempeño fue impecable, con 60 cuadros por segundo constantes incluso en momentos de efectos de partículas intensos, los cuales empiezan a abundar conforme avanza la historia. También es digno de resaltar que, aunque algunas canciones de la banda sonora se repiten demasiado, el trabajo de musicalización de The Adventures of Elliot: The Millennium Tales es increíble, en especial en sus momentos de mayor tensión.

Refiriéndome a esto último, la narrativa, he de admitir que la historia no es el punto más fuerte del juego, pues sus puntos principales pueden llegar a sentirse brillantes u obvios según nuestra familiaridad con los temas que maneja el momento a momento del título.

No obstante, creo que este juego logra encapsular perfectamente el sentido de aventura y descubrimiento de los títulos en los que se inspiró sin sentirse derivativo, gracias a un muy buen repertorio de armamentos, acertijos y retos que ciertamente buscan mantenernos al borde de nuestro asiento, en especial si escogemos la dificultad más alta de combate.

Para este punto no queda duda: el HD-2D es capaz de trasladarse a otros géneros sin problema alguno. Con sus sistemas sólidos y jugabilidad entretenida, The Adventures of Elliot: The Millennium Tales logra posicionarse como un título respetable de su género.

Pros:

  • Estilo artístico y musicalización increíbles.
  • Personalización amplia con armas, magia y magicite.
  • Referencia a otras serie pero no se siente familiar

Contra:

  • La historia es un poco débil y predecible.