Acabamos de vivir uno de los mejores veranos que el gaming puede ofrecernos en la actualidad, pero en redes sociales la conversación gira en torno a la pregunta más absurda posible: ¿quién ganó?

Claro. La competencia vende. Y esa es la razón por la que cientos o miles de expertos dedican cientos o miles de horas al análisis de algo tan banal como la industria de los videojuegos. En el fondo, si somos muy honestos, ese debate no importa. Es divertido, sí, pero también es completamente intrascendente.

Solo te quedas con uno…

No sé por qué sigo usando Twitter si odio encontrarme con ese tipo de comentarios, pero en algún lado —además de aquí— me gusta jugar con esos pensamientos banales e intrascendentes. Odio a Elon Musk por haber arruinado mi rincón favorito de Internet, pero odio más que exista una generación completa de gamers sin criterio que cree que el Summer Game Fest es como un América vs Chivas.

Bueno, básicamente cualquier conversación en Internet termina convertida en una lucha del bien contra el mal: Apple vs Android. La 4T vs la oposición. Trump vs el mundo. Y así con cualquier tontería. Me parece absurdo y triste que los videojuegos hayan terminado dentro de la misma categoría de pseudo-debate.

La simple idea de que solo podemos elegir un juego para declararlo ganador me parece, además de inmadura, poco sensata. Elegir un juego o una consola no te deja fuera del resto del mercado en automático. Si tienes una PS5 y después te compras un Xbox, el mundo seguirá siendo el mismo. Nintendo no te va a romper el cuello si te suscribes a Game Pass. Y la tía Asha Sharma mantendrá sus millones si te emocionas por el God of War con la waifu de Kratos.

No pasa nada si disfrutas de algo que no tienes o que no querías tener

Ojo. La industria de los videojuegos, como cualquier industria del entretenimiento, está compitiendo por tu dinero. Eso es real e inevitable. Pero no necesitan tu ayuda. Perfiles que solo existen para burlarse de una compañía. Youtubers que incentivan la violencia digital. Medios de comunicación que aprovechan el clic fácil. Nadie está libre de culpa, pero pareciera que todos estamos obligados a alimentar esa conversación.

Entonces, elegir entre el remake del mejor juego de todos los tiempos y el juego más esperado de la historia es, al menos para mí, una absoluta tontería. Cuando tienes dos opciones así de trascendentes, no eliges. Haces todo lo posible por disfrutarlas. Y si no puedes hacerlo desde el día uno, lo cual es completamente comprensible, simplemente esperas a que llegue el momento adecuado.

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No existe una versión de mí, entre los más de 14 millones de universos que vio Doctor Strange, en la que no haya jugado tanto Grand Theft Auto VI como el remake de Ocarina of Time. Es imposible. Solo un verdadero pendejo se quedaría fuera de una fiesta así de increíble.