Amo Pokémon como pocas cosas en esta vida. Seguramente es algo generacional, pues el poderoso arranque de la saga me tocó cuando estaba en primer año de primaria. Recuerdo claramente (o al menos eso creo) el primer episodio que vi en Canal 5 o la emoción que sentía por el estreno del anime en Cartoon Network. Me obsesioné con los tazos de Sabritas, las galletas Emperador con figuras de Pokémon y los juguetes de plástico que vendían afuera de mi escuela. No me llevaron al cine a ver la primera película, pero recuerdo con mucho cariño el desayuno de aquel sábado en el que mi papá consiguió el VHS. Amo Pokémon.
Pero ni con todo ese amor puedo dejar pasar que Pokémon enfrenta uno de sus peores momentos en la serie principal. Juegos como Sword & Shield y Scarlet & Violet son una vergüenza para la franquicia más exitosa de todos los tiempos, y la encantadora serie Legends es bastante mediocre si la analizamos con rigor. Parece imposible que Pokémon pase por un mal momento cuando cada día el fanatismo por Pikachu y compañía se siente más vivo. Pero mientras Game Freak parece dormirse en sus laureles, el resto de The Pokémon Company hace un gran esfuerzo por asegurar el potencial de la saga.

Desde un encantador revival de Pokémon Snap hasta proyectos que ganan fuerza con cada día que pasa, como Pokémon GO o TCG Pocket, la fiebre amarilla parece no tener descanso. Incluso fuera de los videojuegos, la situación parece simplemente infalible: un anime sin Ash Ketchum que funciona, millones de peluches vendidos, un hermoso parque temático y mercancía especial para celebrar los 30 años de la saga. Pokémon vive su mejor momento… justo cuando el producto que lo inició todo se cae a pedazos. Y aun así, estoy aquí para hablar de un juego que me sorprendió desde el primer instante: un experimento que nos recuerda la enorme sinergia entre Nintendo y Pokémon. Un juego que… sí, podría ser el mejor Pokémon de todos los tiempos.
Poco a poquito
Pokémon Pokopia salió hace algunas semanas como una especie de combinación entre Pokémon y Animal Crossing, pero rápidamente reveló una personalidad propia, con ideas que nos recuerdan no solo al aclamado éxito de la pandemia, sino también a Minecraft, Dragon Quest Builders y al olvidadísimo Viva Piñata de Rare. Esta peculiar mezcla da como resultado uno de los mejores juegos de 2026, un spin-off legendario para la franquicia y, si nos dejamos llevar, el mejor juego de Pokémon en toda su historia. Ese último punto es extraño por la enorme diferencia de mecánicas e ideas, y al mismo tiempo tiene sentido dentro del mundo de fantasía y ciencia ficción, que conocemos desde Red & Blue.
A grandes rasgos —porque la historia es bastante interesante—, Pokémon Pokopia tiene lugar en un mundo postapocalíptico. Los humanos desaparecieron y apenas unos cuantos Pokémon habitan las llanuras desérticas de lo que alguna vez fueron ciudades increíbles y majestuosos paisajes naturales. No sabemos desde hace cuánto tiempo colapsó el mundo, ni mucho menos las razones de la debacle; aunque podemos imaginarlo claramente cuando regresamos al mundo real.

Todo lo bonito de Pokopia comienza cuando, por azares del destino, una vieja Pokébola libera a un Ditto que añora profundamente a su antiguo entrenador. Ditto servirá como avatar para nuestra aventura, así que debemos darle forma al entrenador que alguna vez viajó con él. Una vez establecido este interesante lazo de amistad, Ditto comenzará a recorrer el mundo Pokémon en busca de esa figura que acabamos de materializar.
Casi de inmediato, nuestro héroe se encontrará con otra figura típica de la saga, adaptada a este universo fatídico: un Tangrowth que funge como profesor de la región, aunque tenga más preguntas que respuestas. En un inicio, la travesía por Pokopia no parece distar mucho de lo que estamos acostumbrados: viajar y atrapar Pokémon. Pero en un mundo sin humanos, la cotidianidad se transforma en algo menos destructivo.
La idea es bastante simple: el mundo de Pokopia está destruido, y nosotros debemos reconstruirlo para que humanos y Pokémon puedan volver a vivir en armonía. Aprovechando la habilidad innata de nuestro protagonista, tenemos la posibilidad de usar ataques y habilidades de otros Pokémon para restaurar el entorno paso a paso. Rescatar a un Squirtle nos permite aprender chorro de agua para hacer crecer la vegetación, lo que a su vez atraerá a un Bulbasaur, quien se convertirá en nuestro aliado y nos enseñará nuevas formas de recuperar el ecosistema. Así, el ciclo continúa.

Pokémon Pokopia es, entonces, un juego de gestión de recursos, construcción y exploración, pero con el encanto único de las criaturas más queridas del gaming. En pocos minutos tienes a los iniciales de Kanto jugueteando en los pastizales que recuperaste, y cuando menos lo esperas encuentras planos para hacer que un Hitmonchan o un Cubone aparezcan cerca de donde comenzaste tu aventura.
Si me lo preguntan, buscar hábitats y recursos para mejorar el entorno ha sido más adictivo que pasar horas en la hierba alta buscando un Pokémon específico. Puede ser el desgaste de jugar Pokémon por más de 20 años, o simplemente que la sorpresa de Pokopia es lo mejor que me ha pasado desde Legends Arceus, pero hay algo muy especial en este juego.
Jugar Pokopia es simple, pero exige inteligencia si quieres avanzar en la historia principal. Las construcciones más grandes —las que te permiten moverse de escenario— pueden tomar varias horas, y requieren poner a trabajar a distintos Pokémon. Por eso es importante revisar tareas diarias, recursos disponibles y encargos para avanzar sin descuidar la exploración. Platicar con las criaturas nunca había tenido tanta relevancia, y mucho menos había sido tan interesante como en este juego.

Porque, al igual que en la serie principal, puedes enfrentar Pokopia con distintos objetivos. Al inicio, yo solo exploré: recolecté materiales, descubrí hábitats y dejé que el juego me llevara. Después me enfoqué en capturar Pokémon, construyendo hogares y mejorando habilidades para acceder a nuevas criaturas. Así, el ciclo de recolección, construcción y exploración fluye de forma orgánica. Más que sentirse como una tarea monótona, el gameplay te hace notar que avanzaste mucho en situaciones que no imaginabas.
El punto de no retorno llegó cuando, a pesar de tener claras mis misiones, decidí dedicarme a eliminar todo el terreno seco con mi chorro de agua. Esto me llevó a descubrir una cascada que quise expandir por todo el mapa. Entre túneles imposibles y cauces que desafían la lógica, viví algunos de los mejores momentos que me ha dado Pokémon en la era del Switch. Esa paz que nunca encontré en Animal Crossing o Minecraft me atrapó por completo aquí. Y sí, todo se debe a que cada acción positiva que realizo mejora la vida de criaturas que, normalmente, solo utilizo para pelear.
¿Pokémon cambió para siempre?
En 2011, N —antagonista de Pokémon Black and White— nos planteó liberar a los Pokémon para construir un mundo mejor. En su momento, todos lo vimos como un idealista fuera de lugar. Pero en 2026, después de Pokémon Legends y con el inminente lanzamiento de Pokémon Champions, esa idea empieza a tener sentido. Tal vez los juegos principales no deberían girar únicamente en torno a las batallas. Es increíble ver una hidrobomba de Blastoise en un estadio, pero es aún más bonito ver a los Pokémon vivir en paz.

Pokopia, precisamente, apuesta por eso. No está desarrollado (completamente) por Game Freak, y eso se nota para bien. Es un juego más cercano a Pokémon Snap o My Pokémon Ranch que a los títulos principales. Y esa reinvención es la que me hace pensar que podría ser el mejor juego de la franquicia.
He evitado hablar del juego de forma tradicional por dos razones: salió hace casi un mes y no existe una forma “correcta” de jugarlo. Puedes enfocarte en la historia, en la exploración, en construir o en completar todo… pero Pokopia no es una carrera. Es un juego para disfrutar sin presión. Los juegos de Pokémon suelen tomarme entre 25 y 30 horas, y siempre identifico cuándo termina el tutorial, cuándo inicia el clímax y cuándo llega el final. Pokémon es tan predecible como exitoso. Por eso, vivir Pokopia con otro ritmo ha sido refrescante.
Sin embargo, mucho de su encanto proviene de lo que rescata de la saga: la Pokédex, los iniciales de Kanto, una banda sonora que homenajea al Game Boy, los secretos de una civilización perdida y los guiños constantes a la naturaleza Pokémon. Omega Force y Game Freak construyen un homenaje brutal al lore, desde el diseño de los hábitats hasta pequeños detalles narrativos escondidos en ruinas. A veces siento que Pokopia ocurre en el creepypasta de Pueblo Lavanda, pero, de la nada, todo vuelve a ser como Las Vacaciones de Pikachu.

¿Vale la pena jugar Pokémon Pokopia? Sí, sin duda. Solo tengo dos quejas: no hay localización en español latino y el inventario puede volverse problemático si no te organizas bien. Fuera de eso, es Nintendo en estado puro.
Veredicto final: POKÉMON POKOPIA
Pokémon Pokopia es la mayor sorpresa que he tenido en años dentro de la industria. Es ese momento mágico en el que una idea original se mezcla con una saga legendaria. Un fenómeno que celebra los 30 años de Pokémon y que, al menos para mí, revive la emoción que sentimos con Pokémon GO hace una década. Hoy entiendo que jugar videojuegos no debe ser una carrera contra el reloj. Y Pokopia es justo eso: la pausa que necesitaba para reencontrarme con esta forma de entretenimiento.

