Capcom está teniendo un rendimiento inigualable en la industria, con un ritmo de lanzamientos que iguala y, en ocasiones, supera al de las distribuidoras más importantes del mercado. Si bien los lanzamientos anteriores de este año han consistido en secuelas e incluso en nuevas IP, esta vez le toca el turno al regreso de una de las franquicias más solicitadas de Capcom: Onimusha.

Lo que en su día comenzó como una versión de Resident Evil ambientada en el mundo de los samuráis se ha transformado ahora en una aventura diferente, pero fascinante, que ofrece una de las mejores experiencias de acción que he disfrutado en años.

El Regreso del Onimusha

Onimusha: Way of the Sword supone una especie de “reboot” de la serie, ya que su último título original se lanzó en la generación de PlayStation 2. Las franquicias y las modas han ido y venido, y esta nueva entrega se inspira claramente en juegos más recientes con temáticas y estilos similares.

Esta nueva entrega sigue siendo un juego de acción en tercera persona, pero con un enfoque mayor en el combate como se vería en un título de tipo «Souls» o Sekiro, enfatizando la importancia de entender los movimientos que realizan los enemigos para poder contraatacar en el momento correcto.

El protagonista de Way of the Sword es el legendario samurai Miyamoto Musashi, quien tiene un encuentro con lo sobrenatural que lo deja con un guante capaz de darle fuerza sobrehumana incrustado en su brazo. Renuente a seguir teniendo este poder, Musashi termina embarcándose en una aventura, conociendo a un Onimusha, Takamura, el cual vigila la puerta al infierno: con el objetivo de quitarse el guante, el guerrero entonces se ve envuelto en una pelea entre los vivos y los muertos, enfrentándose tanto a demonios llamados Genma como a otros seres sobrenaturales envueltos en misterio.

Utilizando su espada y armamentos especiales, Musashi entonces se convierte en un Onimusha: su guante puede absorber almas de sus enemigos, y cada una presenta beneficios, ya sea regenerando su salud, energía para habilidades especiales o almas rojas que sirven para mejorar la capacidad de combate del samurai.

Como juegos similares, Way of the Sword depende de nuestra capacidad para contraatacar los ataques de oponentes. Aunque el inicio es narrativa y mecánicamente lento, ya que no hay tanta acción y solo podemos detener ciertos ataques o contraatacar enemigos si tenemos una capacidad de reacción precisa a través del movimiento «Break Issen», poco a poco podemos regresar ataques más intensos, proyectiles o incluso dañar a múltiples enemigos al mismo tiempo usando armamentos Oni que pueden regenerar vida, romper escudos y hasta crear torbellinos que pueden esparcir fuego a todo el campo de batalla.

La jugabilidad, poco a poco, va tornándose más compleja, lo cual sucede a través de la manera en la que la narrativa se despliega.

Genmas problemas

Después de los encuentros que terminan dejándolo con el guante Oni en su brazo, Musashi llega a la parte este de Kioto, donde empieza a explorar un espacio semiabierto que se vio invadido por los Genmas. Conforme avanzamos en la historia, más espacios de Kioto envueltos en malicia se liberan, y Musashi poco a poco se aventura a lugares diferentes, como palacios, calabozos o castillos en las montañas: entre momentos de la historia con más impacto, ubicados en estos espacios únicos, hay combates intermedios igual de retadores en la periferia de Kioto.

Aunque inicialmente sentía que el juego era un poco sencillo, poco a poco se añadían más tipos de enemigos, los cuales presentaban más retos para mi desempeño como un samurai legendario. Antes de que me diera cuenta, el juego empezaba a ofrecerme bajar la dificultad por la cantidad de veces que había muerto: sin embargo, tomaba esos momentos como una señal para tomarme un descanso y regresar para triunfar después de dos o tres intentos.

Afortunadamente, todos los combates cuentan con una u otra forma de recompensa para premiar nuestro esfuerzo y dedicación, ya que Musashi puede mejorar sus habilidades y armamentos, tanto humanos como sobrehumanos. Mientras que sus habilidades de samurái “humanas” usan un tipo de Piedra, sus capacidades sobrenaturales utilizan Piedras Oni; por otro lado, nuestra espada, armadura y guante pueden mejorarse con materiales que pueden encontrarse alrededor de Kioto y en los restos de ciertos oponentes especiales.

Además, un sistema especial de “bolsas” permite a Musashi curarse a sí mismo. Izumo no Okuni, una bailarina conocida por haber inventado la danza kabuki, puede manipular las bolsas y cambiar su función: pueden recuperar más vida, aunque de forma gradual, y pueden utilizarse para reponer otros tipos de energía. Estas bolsas también pueden mejorarse con los mismos materiales de mejora de espada, armadura y guante: dicho sea de paso, pueden comprarse en una tienda además de encontrarse en el mundo, lo que hace que los jugadores no tengan que luchar constantemente contra enemigos que reaparecen.

Un camino filoso

Way of the Sword empieza fácil, y en un espacio alrededor del 50% de la historia va volviéndose más difícil, pero curiosamente, sentí que habría estado bien poder jugar en el nivel de dificultad más alto desde el principio. Sin embargo, es casi una tradición en los juegos de Capcom que el nivel de dificultad más alto se desbloquee tras completar la aventura una vez, y tampoco es que estuviera muriendo por probar la dificultad más alta con los últimos jefes, los cuales fueron extremadamente exigentes, incluso más que infames enemigos de títulos como Elden Ring o Sekiro.

Gracias al increíble manejo de su jugabilidad junto con su estética, la aventura de este nuevo Onimusha se convierte en una experiencia magistral: si no es la increíble dirección artística de sus momentos sobrenaturales, es la manera en la que estoy envuelto en los combates que constantemente presentan retos y espacios de creatividad.

Cada nuevo espacio me planteaba retos constantemente y me exigía un mayor esfuerzo para enfrentarme a rivales más difíciles; cuando me enfrenté al jefe final, me sentí como el mismísimo Miyamoto Musashi.

Hablando de Musashi, hay algo que vale la pena destacar: el uso de la imagen de Toshiro Mifune para la cara y gestos de Musashi. Conocido en México por haber rodado una película sin saber español —Ánimas Trujano—, Mifune fue un actor legendario que personificó al propio Musashi, y aunque inicialmente me parecía algo extraño, entiendo también que los primeros títulos de Onimusha utilizaron el parecido de actores, tanto vivos como muertos, para sus protagonistas.

Sin embargo, he de decir que la calidad gráfica y forma en la que Musashi articula sus movimientos es increíble: incluso podría decir que es uno de los mejores trabajos de modelado facial que he visto en la industria. Trabajado con respeto por el equipo de Capcom, la captura de movimiento realizada hace que Way of the Sword se convierta en una especie de secuela sobrenatural de todas esas historias protagonizadas por Mifune..

A estas alturas del partido, Capcom parece no saber fallar, y su capacidad de desarrollo se ve reflejada en la manera en la que trajeron de vuelta Onimusha con esta nueva entrega. Gracias a su jugabilidad retadora pero a la vez fácil de entender, fluidez visual y un ciclo virtuoso de sistemas, Onimusha: Way of the Sword representa un regreso triunfal de la serie con una entrega diferente que logra plasmarse como un increíble juego de acción.

Pros:

+Increíble sistema de combate

+Buena curva de dificultad

+Impresionante fidelidad gráfica

Contras:

-Inicio ligeramente lento